miércoles, 26 de agosto de 2015

"Room 42"

https://soundcloud.com/alexgarciamartin/room-42

Sound.

https://soundcloud.com/alexgarciamartin/when-tears-fell-down-on-a-summers-night


https://soundcloud.com/alexgarciamartin/steppin-out-of-the-cave-with-a-rose-in-my-heart-2



The Way I see the World (Extractos 2)



El artista echa una mirada a lo desconocido y nos trae de vuelta una pequeña porción de su universo interior, de su mente. Trata de hablarnos en un lenguaje sutil, expresando lo que no puede ser dicho con palabras. El propósito es enseñarnos aquello que no podemos aprender en las escuelas, algo que nos hace seguir sus pasos e intentar encontrar nuestro propio lenguaje, cualquiera que sea la su forma.

The Way I see the World (Extractos)



Alguien me dijo, que las personas tenemos tres miedos por encima de todo, tres caras que nos asustan cuando todo permanece en silencio y nuestra mente es la única compañía de la que disponemos. Éstos tres temores son la muerte, el dolor (físico o psicológico), y la locura o enfermedad mental.
En mi experiencia personal, la locura es algo mucho peor que la muerte. Es una muerte en vida en la que nuestra mente, que se supone que debería ser nuestra aliada, se vuelve contra nosotros.
La enfermedad mental puede destruir la vida de alguien en tan sólo un par de días.
Como es de esperar, he pasado mucho tiempo meditando sobre estos tres miedos que nos acechan.
Tienen en común el hecho de que nunca sabemos cuándo se van a manifestar, destruyendo nuestra felicidad como el fuego quema la hierba seca y amarilla.
En mi opinión, vencer estos miedos es fundamental para alcanzar la paz interior, la verdadera felicidad, la verdadera libertad.
Actualmente me encuentro en un lugar en el que estos miedos se disuelven en el olvido. Como una pesadilla interrumpida por la luz de la mañana.
Ha sido un camino largo y difícil, y he tropezado muchas veces. He aquí la cuestión que se planteaba Ernst Jünger, al preguntarse si la meta es más importante que el camino.
Para mí, camino y meta poseen la misma importancia, son inseparables, y la meta o el fin están en cada uno de los pasos que damos. Estamos ahí sin saberlo. También puede ocurrir que estemos confusos y no veamos ese fin por el cual luchamos.
El Universo entero parecerá conspirar contra nosotros para evitar que lleguemos al final del recorrido. Y es aquí donde se libra la verdadera lucha contra nuestro propio ego, esa ilusión de lo que en realidad somos. Se trata de una lucha silenciosa, que muchos no podrán ver. Dejará cicatrices invisibles que se abrirán una y otra vez, pudiendo llevarnos al abismo y la desesperación.
Es en esos momentos de discordia, cuando realmente tenemos que reducir nuestra velocidad al recorrer el camino. Momentos en los que uno se replantea todo aquello en lo que pensaba que creía.
Se puede comparar éste proceso con un vaso lleno de sedimentos. Si removemos el agua, la arena empezará a girar y girar, y algunos de los granos tendrán su propia órbita.
Sin embargo, los sedimentos acabarán por posarse suavemente en el fondo del recipiente, dejando ver el agua clara. Después de la tormenta viene la calma.
Cada uno debe encontrar su propia manera de librar esta lucha. Un solo ser humano alberga Universos enteros en su interior, y por muy bien que nos conozca alguien, nunca nos llegará a conocer tanto como nosotros mismos.
Ahora bien, se trata del ego, nuestra máscara, lo que trata de hacernos tropezar y caer. El ego es la coraza que nos envuelve y absorbe. Sus cimientos se establecen ya en nuestra infancia, cuando familiares y profesores nos dicen que nunca seremos capaces de realizar esto o aquello. Pronto comenzamos a levantar una fortaleza alrededor de nuestro ser, una fortaleza hecha de ilusiones y de sueños frustrados-
Algunos consiguen derrotar a sus “demonios” y logran ver cumplido aquello que siempre anhelaron. Esto no quiere decir que todo vaya a ser fácil, o de la manera en que lo soñaste. Pero no estarás tratando con tus “demonios interiores”, y es más probable que tu mente sea entonces tu amiga, tu herramienta, ayudándote a conseguir tus objetivos.
Estos pueden ser tan sencillos como hacer feliz a alguien, llevar algo de alegría al alma de alguien.
Si esperas realizar grandes hazañas, es más fácil derrumbarse y rendirse, ya que habrá muchos más obstáculos en el camino.
El fracaso estará detrás de cada paso que demos. Yo he estado a punto de rendirme en más de una ocasión, pero siempre había una parte de mí que me decía que merece la pena intentarlo. Ésta es la única oportunidad que tenemos para experimentar la vida después de todo, por lo menos en éstos cuerpos que habitamos. Así pues, el fracaso no significa nada para mí, lo rechazo. También se debe a que no intento realizar grandes hechos, y tengo claros mis objetivos. Tan sólo se trata de creer en lo que estás haciendo, y permanecer fiel al camino que te has propuesto recorrer.
No lograrás grandes cosas, a no ser que empieces desde abajo, organizándote y arreglando todo aquello que vaya mal en tu vida.
Ésta organización puede empezar por conseguir que nuestra mente no nos obstaculice el paso.

La Espada de Damocles



Bajo nuestros pies cansados y errantes se extiende el páramo en el cual vagabundean aquellos que ya dejaron este mundo suicida.
Sobre nosotros, todos los sueños de libertad y demás castillos en el aire que nunca vieron la luz, barridos por las mareas del tiempo…en un vaivén incesante, nuestras utopías y anhelos por la llegada de un mundo mejor se sumergen en el olvido.

Vivimos en una ilusión, una nebulosa de aquello que fue y de lo que podría llegar a ser. Nunca llegamos a apreciar el momento presente en su totalidad. Y dado que somos seres limitados, con sentidos que pueden llevarnos a confusiones, nuestra percepción de aquello que nos rodea puede ser errónea o estar distorsionada.
Sin embargo, ¿hasta qué punto es falsa la imagen que alguien puede tener?
En el caso de ser capaces de ver fenómenos que la mayoría no puede percibir con sus sentidos, seremos tachados de enfermos mentales o, dejando a un lado los eufemismos, de locos. Cuando hablo de “ver”, no me estoy refiriendo al mero hecho de procesar las imágenes a través de nuestros ojos y cerebro.
Si no somos demasiado estrechos de miras, nos daremos cuenta de que hay otra forma de visión; otra manera de ver mediante la mente, ese órgano etéreo que puede ser tanto un aliado como un obstáculo.

Es esta visión la que nos permite tener una percepción más amplia y precisa de nuestros alrededores. Se trata de una vista semejante a la de un halcón o cualquier otro ave de presa. De este modo, se observan los movimientos del mundo con otra perspectiva; desde la posición de un testigo que presencia un delito que tiene lugar en la acera de enfrente.
Este testigo no siempre tomará parte en la acción, por razones que sólo a él le atañen; pero su percepción y visualización del crimen cometido tendrán consecuencias y repercusiones más adelante.






Las disputas reviven, y el cambio excava en los estratos del pasado para que podamos seguir señalando con un dedo acusador a alguien o algo, sea quien sea. Incluso llegamos a señalar a nuestra idea de “Dios”. Nos basta con culpar al vecino de nuestros males y achaques; basta con encontrarse a un “extraño” para que nos sintamos aliviados al verter nuestro odio contra él. Es la manera que tenemos de solucionar nuestros problemas.
Llevamos tiempo caminando sin rumbo sobre los cadáveres de las personas que fueron arrojadas por la borda de este navío cuyo nombre es “Humanidad”. Pero lo cierto es que, la triste historia de nuestra especie raras veces ha visto indicios de dicha “humanidad”. Y estos momentos de lucidez casi siempre han sido tan breves que se asemejan al rápido arder del fuego de una cerilla. Muchos de estos momentos pasaran desapercibidos en el caótico océano que surca nuestro “buque de guerra”.
Todos hemos oído hablar de los asesinatos, torturas, mutilaciones y demás actos de crueldad. Crecemos escuchando estas y otras historias que tienen lugar en nuestra sociedad desde tiempos antediluvianos.
Quizás es demasiado tarde para el perdón y la compasión. Puede que nunca lleguemos a convertirnos en seres mejores, en seres humanos. Tenemos la forma, sí, pero en el fondo no somos sino monstruos capaces de las más terribles atrocidades.
Es posible que el tiempo del Übermensch nunca llegue. El “superhombre” de Nietzsche no es necesariamente un ser humano mejor, sino un paso más allá en la escala evolutiva, algo diferente.
Pero el tiempo se nos acaba y los cielos no derramarán lágrimas con nuestra ausencia.

Nuestra sociedad está basada en la violencia y en el odio hacia aquello que difiere de lo previamente establecido por una oligarquía, unos pocos que nos inculcan cuál debe ser nuestra manera de actuar y pensar.
En los colegios, los niños aprenden a comportarse igual que lo harán más tarde, durante su vida adulta. Seguiremos siendo críos incluso cuando hayamos dejado atrás nuestra etapa escolar.
Más adelante, el tedio del día a día nos obligará a llevar de forma permanente una máscara, caras inexpresivas en un tren que no lleva a ninguna parte. Sonreiremos al ver alguna aberración en la pantalla de la televisión. Cenaremos productos químicos y escucharemos por la radio sólo aquello que debemos escuchar.
Así, con el paso de los años, nos convertimos en productos, en esclavos de un régimen que se extiende por todos los rincones de la Tierra. El Estado Mundial ya se está instalando en todos los territorios. Se cuela por debajo de las puertas de los hogares y observa al detalle cada uno de nuestros movimientos.
Son el jefe de la tribu y el chamán; el emperador y el sumo sacerdote.
Mientras mueven sus hilos, se nos mantiene entretenidos, satisfechos con lo que poseemos, cuando en realidad somos nosotros, el individuo singular, “el ciudadano de a pie”, los que estamos siendo consumidos por fuerzas que no alcanzamos a entender. Si tenemos dinero en los bolsillos y una tele de plasma con cientos de canales, no hemos de quejarnos. Lo único que nos hará patalear y lloriquear será que nos impidan ver el “reality show” de las diez y media.
Por la mañana, volveremos a ponernos el disfraz. Llevaremos a los niños al colegio para que puedan reírse a costa del más débil, y miraremos el reloj, esperando y contando las horas que quedan para que empiece nuestro programa favorito.

La verdad es que no hemos cambiado mucho; cambian las formas, los colores sobre el lienzo, pero en esencia, el retrato de la sociedad sigue siendo el mismo.
Somos la mosca que da vueltas en el Universo eternamente, la especie que se aniquila a si misma por puro placer.
Pronto llegarán las guerras, volveremos a sufrir; las matanzas y las violaciones estarán a la orden del día. La nuestra es una lucha incesante por el poder.

El poder, ese veneno que guardan para sí unos pocos, vertiéndolo poco a poco sobre el pan de los más pobres y desgraciados. Esa ponzoña que hace que nos enfrentemos unos a otros.
Ya casi no queda tiempo para un cambio a mejor. Solo los ingenuos seguimos teniendo alguna esperanza de que llegue a ocurrir en nuestro tiempo, en nuestra propia época.

Pero estas esperanzas se tornan en un amargo desengaño al oír las tristes historias de cada día. Estamos al borde del abismo y alguien nos tiene en su punto de mira. Ya no habrá vuelta atrás, ni podremos borrar nuestros actos. Pero es el camino que tomamos hace muchos años. Es la historia de Caín y Abel elevada al máximo exponente.

lunes, 24 de agosto de 2015

Wandering Minds

Minds that wander,
wanderers that wonder
about what no one minds.

Meanwhile, I try to reach
another place inside my head;

I've tried dreaming and acting,
tried even the bitter taste of loss
and insanity.

Maybe it's just time to take a break,
to breathe slower,
to think less
and feel more.

To give up longing and waiting and stop
looking for a reason to keep roamin'.

'Cause maybe it's true there's no reasons at all,
and after all,
we're all a chance that could have never been.

And here we all are.

Good night everyone.

PALINGENESIS

"Existe un lugar en nuestras mentes..."

Aun recuerdo a aquel tipo que vagabundeaba por las calles de Londres con su guitarra;
deleitando y sorprendiendo a turistas y locales con una musica sutil, organica, y triste, pero con un deje de
esperanza.

Recuerdo nuestro primer encuentro; antes de asentarme en la ciudad. Escuche la musica en el tumultuoso bullicio de
Piccadilly Circus, presidido por la estatua de Eros.
Alli estaba, tocando versiones de Jimi Hendrix y de J.S.Bach a su peculiar manera; y musica que solo podia haber
surgido de lo mas profundo de su ser

Nos veiamos de vez en cuando, siempre durante las noches londinenses. No era facil localizar a este "busker".

En ocasiones me topaba con el durante el dia, dando tumbos por Camden Town, y sumido en sus propios pensamientos,
saturado por su propia locura personal.

"Just let me play the guitar, I just wanna play...";le escuche decir esta frase mas de una vez, cuando
pandillas de borrachos nocturnos se aglomeraban junto a este genio misterioso. Siempre recelaba de las fotos.

Yo escuchaba su musica y volvia corriendo a mi habitacion de Argyle Square a tocar la guitarra.

No conozco su actual paradero. Puede que siga moviendose por la City; la ultima vez que nos cruzamos me hablo de
sus planes de viajar durante una larga temporada..

Tampoco he conocido a artista alguno que se le parezca. Pero, este donde este, recuerdo su consejo, quiza el mejor que
me han podido dar; tan simple como un "keep playin'!!".

Y en ciertos momentos, su musica es un consuelo, una inspiracion; la mente caotica de un musico expresada y desvelada
en sonidos perfectamente ordenados.